Encarna Martínez Oliveras

Nacida en Madrid el 4 de julio de 1961; es madre de dos hijos.
 
Diplomada en Enfermería por la Universidad de Navarra, trabajó en la Cínica SEAR de Madrid y en el Hospital de Cantoblanco hasta 1995, fecha en la que se incorpora como personal laboral de la CAM, tras aprobar las oposiciones, a la Unidad de Cuidados Paliativos del Hospital Virgen de la Poveda, donde permanecerá hasta su jubilación por enfermedad. Es también Técnico en Prevención de Riesgos Laborales, oficio que no llegó a desempeñar. Ha obtenido algunos premios en certámenes literarios de relato breve y micro-relato, así como de cuento infantil. En 2004 publicó su poemario “Jávea: poemas y rincones”, en la editorial nuevos escritores. Fue miembro del Orfeón Villaodonense desde su fundación (1996) hasta su disolución (2007) y de la Tertulia de Poesía de Villaviciosa de Odón. Actualmente pertenece a la Asociación Cultural Verbo Azul de Alcorcón con la que colabora esporádicamente en presentaciones o lecturas poéticas.
 
Sus principales aficiones son el mar, la música y la lectura, además del mantenimiento de una pequeña huerta.  
 
 
Textos: Encarna Martínez Oliveras
 
 
Alivio
 (A un paso del destino)
     
 
 
 
Hijo de la amapola
 
¡Oh, sangre de la amapola!
¡Afortunado designio!
En desesperada aurora
acabas con el martirio.
 
Muerden y arañan las horas
que la noche no ha engullido:
no son espinas de rosa
los filos de los cuchillos.
 
La luz se esconde en la sombra
huyendo de los aullidos.
¿Será inerme, inerte o sorda?
¡Nunca más tan cruel gemido!
 
 
 
 
María
  
El rictus del rostro evoca
los ojos aún con brillo
que antaño cerró la aurora
a golpe de sacrificio.
 
Hoy no romperá la ola
sobre el espigón maldito
partiendo en dos la roca.
El mar será un espejismo.
 
Podrá ser, si se desboca,
un caballo enloquecido
tirando de una carroza
camino del infinito.
 
O será la danza hermosa
de la espuma y su designio
vistiendo como una diosa
sobre el tenebroso abismo.
 
Bajo las carpas de lona
arlequines y adivinos,
conejos y mariposas,
tulipanes submarinos.
 
Será como el alba rosa,
será apacible, tranquilo.
Será un cuerpo que reposa
sobre una cama de lirios.
  
 Tiembla insegura la boca
aferrada a su delirio.
Hebras tose, de las hojas
que el papel ha guarecido.
 
Asciende lenta en la alcoba
una nube de vacío.
No hay pecado en el aroma:
hay paz, silencio y olvido.
 
Abandona la mazmorra
ya flotando en el alivio.
Pronto cruzará la hora
sin haber perdido el brillo.
 
 
 

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