Antolín Amador


El nacimiento de Antolín Amador Corona tuvo lugar en un pequeño pueblo de Sevilla (Pedrera) el 2 de febrero de 1980, aunque habita Madrid desde que tiene memoria. Su primer desvarío poético ocurrió durante el instituto: 16 años y una aburridísima clase de matemáticas fueron motivación suficiente. Desde entonces Antolín sabe que su lenguaje es el verso. Usa letras. Aprende alrededores.
 
En 2013 ha publicado su último poemario: La cara que pongo cuando llueve (Vitruvio). Anteriormente publicó:
 
  • Las letras pequeñas (Premio Ciega de Manzanares 2007)
  • Los peces verticales (Premio La Bufanda 2009)
  • Con el libro Etiquetas para la memoria ganó el premio Vicente Martín 2011, pero dicho poemario no ha sido publicado.

“Hay una poesía escrita por los jóvenes que, llámese como se quiera llamar (joven, nueva, reciente, última, ultimísima o pospenúltima), sin desentenderse de la tradición, la reinterpreta y, actuando siempre como avanzadilla, trae unas preocupaciones nuevas, una actitud distinta, un espíritu renovador y hasta un nuevo vocabulario, cuyo código no escrito les impide pronunciar palabras que suenan a otros tiempos líricos, como por ejemplo “la ceniza, la ausencia, las gaviotas”. Entregados a una cierta tarea desmaquilladora, las nuevas voces como la de Antolín son capaces de utilizar, con idéntico desparpajo, las palabras catering y amblar (o sea el neologismo y el arcaísmo) sin que chirríen por ello las costuras verbales del poema.
 
Ejemplo y paradigma de esta lírica joven es la de Antolín Amador. Una poesía de ambientación urbana y con tintes sarcásticos y un poco acanallados, de noches largas y de mañanas legañosas, que rebosa frescura y que se encuentra totalmente liberada de prejuicios verbales o morales. Una poesía que emerge de lo cotidiano, y que desde ahí emprende a veces su vuelo hacia lo existencial. Una poesía directa y cruda que, con la contundencia de “un jab de izquierdas”, sabe al mismo tiempo golpear o acariciar con su guante de palabras. El suyo es un universo cercano y reconocible donde tareas domésticas como pasar la mopa o poner una lavadora se pueden convertir en actividades rituales que nunca resultan antipoéticas porque forman parte de la vida diaria, y de lo que se trata aquí no es de hacer literatura, sino más bien de atrapar la vida en cada verso.

Y como es propio también de esa nueva poesía última y joven, en la de Antolín Amador aparece un yo poderoso y omnipresente, una fuerte individualidad que crea la figura de un sujeto lírico que la mayoría de las veces se dedica a monologar consigo mismo y que otras veces se dirige al tú de la compañera o de la amada.”
 
Pedro A. González Moreno.
 
 
Textos: Antolín Amador
 
 (Ambos poemas de La cara que pongo cuando llueve. Vitruvio, 2013)
 
 
Avecrem
 
Tus labios están hechos
para estos labios míos de Avecrem
que nunca han cocinado una esperanza
sin que me quede frito el paladar.
 
Después de ti habrá un tiempo
de sexos submarinos,
cualquier olor que aprenda a descifrarse
cuando te vayas
es carne de cañón en mi cabeza.
 
He aprendido a morirme sin ti siendo muy joven
pero hoy,
que de las uñas hasta la laringe
eres la voz en off de una catástrofe,
no se me ocurre nada
 
salvo la explicación
que he de dar a la amnesia
cuando escampe el amor. Como está escrito.
 
 

Sin título
 
“No hay mayor impotencia
que compartir contigo un mismo tiempo,
la luz, el aire... Todo
 
menos un mismo espacio.”
 
Ariadna G. García
 
 
He salido a la calle
y con un jab de izquierdas
la lluvia te ha traído hasta Madrid.
 
Agua que desde el sur
apura la insolvencia de mis ojos.
 
Coincido con las nubes
en olvidarme de la sed
y reciclar los charcos por si amaina.
 
Si pudiera juntar todos mis pasos
y hacerte kilométrica,
si pudiera tu cuerpo
salvarse de la prisa y me esperara.
 
Si supiese con gula amblar tu nombre
y hacerme permeable.
Si supiera decir
que nunca fui como te quiero.

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