Fernando Fiestas

Nací en Melilla en 1962. Desde muy joven empecé a pintar y compaginando con mis estudios de Bachillerato, me fui formando como pintor y como poeta. Luego ingresé en Bellas Artes, me licencié cinco años después en Grabado y más tarde, me doctoré en Pintura. Realicé numerosas exposiciones individuales y colectivas tanto en España como en el extranjero. Ahora ilustro libros y revistas como dibujante, realizo proyectos artísticos y ando metido en dos de ellos, que espero exponer próximamente: uno sobre Melilla, con mis visiones particulares sobre esta ciudad singular y otro sobre mi relación con el mundo visible. Como poeta, acabo de publicar “A veces lo visible” y estoy en medio de un nuevo libro. Soy miembro de Verbo Azul desde hace años y en su editorial publiqué mi primer poemario, “Jardín de esquemas”.
 
No sabría definir mi obra, pero quienes tomen como referentes a Piranesi y a Aubrey Beardsley, entre otros, no andan muy desencaminados para definir mi estilo personal como dibujante. Como pintor, me gustan mucho los Expresionistas alemanes pero con mi obra pretendo acercarme a los problemas del engaño de los sentidos ante nuestra inocencia como perceptores.
 
Mis primeras lecturas fueron de los simbolistas franceses y Rilke; en prosa, Proust, entre otros.
 
De César Vallejo, Valente y Celan aprendí a economizar el discurso poético; de Basilio Sánchez y Paul Valéry, entre otros, a dar una especial dimensión plástica a mis poemas; de Pizarnik, y de extraordinarios poetas que conozco personalmente y de algunos del foro Ultraversal, a escribir desde la fuerza de mis emociones –prefiero no mencionar a ninguno para no excluir a nadie-.
Por tanto, me parece mejor que otros juzguen.
 
 
Textos: Fernando Fiestas
 
 
III

Tus ojos quedarán marcados por los cristales
porque lloras durante las tormentas.
Nadie tiene tus manos,
delicadas y grises,
listas para llevarte lo que quieras del tiempo.
 
Eres el dios herido por tu infancia,
el habitante eterno
de todas las esquinas
 
donde descansan tus indicios.
 
Tus ojos son las piedras blancas
que nunca borrarán las lluvias.
 
Ya no tienes palacios
ni vives en los templos
 
pero en el fondo todo sigue igual,
el mismo olor barniz de las iglesias,
los mismos corazones
tallados
 
para que no te olviden nunca.
 
Y te invocamos
cuando el silencio nos acecha,
 
interiores y tuyos.
 
 
IX

A veces miro los guijarros
redondos
que bordean las fuentes
y busco en cada trozo
de agua el cielo
que abandoné.
 
A veces no me encuentro.
 
Sucede que mi sombra
se hace vieja,
pesada,
de piedra y plomo
y ya no me acompaña
como solía.
 
Y me llegan visitas diariamente
no importa si de un árbol,
los hijos o la lluvia.
 
No me conozco
ni me imagino.
 
Los nombres huyen de las cosas
y afloran los murmullos
con la mudez de mi conciencia,
 
en mi regreso.

(Ambos de “A veces lo visible)

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