María García Romero

María García Romero, Villamartín, (Cádiz).

Desde los diez años resido en Zaragoza por motivos de trabajo de mi padre. Nunca he dejado de ir a mi tierra, Andalucía, me considero un olivo trasplantado en las orillas del Padre Ebro.

He compaginado mi trabajo de Técnico en Electrónica con mis estudios hasta el Bachiller Superior.

Soy miembro de la Tertulia Literaria del Ateneo de Zaragoza desde el año 1973.

Todo cuanto he publicado han sido en libros comunitarios y Antologías.

A la Hora del Café. Libro colectivo. Mujeres de varias nacionalidades, solo yo española. (Amazon, 2013) Formato papel.

Lágrimas de Despedida, poema finalista, Centro de Estudios Poéticos, (Madrid 2008) Formato papel.

Alijos Poéticos, varios poemas. (Tertulia, “Hermanos Argensola”.)

Poemas a Viva Voz, (Institución Fernando El Católico, Zaragoza)

Revista anual del Ayuntamiento de Zaragoza, Casa Amparo. Colaboración.

Libro Colectivo, 53 poetas aragoneses a Ramón J. Sénder.



Asociación Montler, Primer Accésit. Mención. (Placa)

Tercer Premio, Sos del Rey Católico, mención en prensa, placa.

Colaboro en la Revista Ultraversal, bimensual, digital. Formato PDF.



Mis blogs:

Instinto Poético

http://www.soberaopoetico.com/

SHAMBHALA

http://villamartinyespera.blogspot. com/


Textos: María García Romero


EROS.


Es una algarabía de duendes en mis manos,

no una flecha, 

Eros mismo partiendo mi esternón en su nombre,

la espada que divide la vida de la muerte,

y los ojos que veo cuando los míos cierro.


Tanta noche en el día, tanto día en la noche,

tanto veneno dulce que enajena mi boca,

tantas horas furtivas que sin moverse, huyen,

y estos besos que sangran de besar un recuerdo.


Difícil matemático, sin ninguna herramienta,

como un agrimensor que rotura hasta el aire.


Así me voy perdiendo en su máscara triste,

máscara que no puede arrancar de su rostro,

aunque canten los árboles y la verde retama

se cubra nuevamente de flores amarillas.


Sea invierno o verano, primavera u otoño,

no florecen sus manos ni su tristeza cae,

no existen plenilunios ni sol en su mirada

donde derrama versos junto al número áureo.


!Oh, batalla perdida! !Oh, kármica tortura!

Violento desalojo de mis propias entrañas,

¿por qué no me levantan en el Bollar en cruz

si ha sido el mismo cielo quien me arrojó los clavos? 




HAMBRUNA.


Cuando apenas presiento

el mediodía cálido donde el perfume crece,

cuando el Moncayo tiene la voz semidormida

y el sol se va borrando sus agujas de oro,

es el viento un delirio

que me roza y me esquiva.


Mi puerta se entreabre,

-un leviatán de hierro, obedece sumiso-

él se va, se deshace, con su cuerpo tensado,

mas, antes se preocupa 

de levantar un foso con su propio vacío, 

con la mudez rotunda que describe lo muerto.


Nada más evidente

que el bulto que tortura esa carne que tiembla,

que se pega,

igual que una medusa que palpita

sobre mi vientre terso que se esconde.


Tengo hambruna de amor dentro del alma

y robo, cuando puedo, cualquier trozo de carne, 

cualquier trozo de vida,

que rocen estos dientes afilados.



DIARIO.


Toda la vida sola, solitaria, 

no posee manada un unicornio, 

y el cierzo despiadado con violencia,

hace que corran lágrimas, quemando

estas pupilas,

tinta con la que escribo.


Torres erguidas, chopos inclinados,

aullidos lastimeros de lobos invisibles,

polvo que se levanta quince metros de altura;

junio dormido y febrero despierto.


Gárgolas negras cantan cerca de las ventanas,

se va el sol, incendiando, los puentes sobre el río;

se esconden las palomas, callan los gorriones,

y gritan las sirenas sin parar, noche y día.


Qué terrible misterio los rostros de la muerte,

cuando a los míos muda aún con vida en las venas

y tienen las miradas tres puntos suspensivos.


Voy a plantar adelfas, azules amapolas, 

y un ciprés que resista una horca en mi cuarto.


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